sábado, 22 de julio de 2017

A thousand kisses deep



Él:
Tan sólo fue una mirada lo que hizo falta para que captara mi atención, sentado en aquella terraza se enfrió mi café solo, como yo, de tanto contemplarla. Se movía entre las mesas como bailando, siempre con una sonrisa, parecía que nada pudiera perturbar a aquella chica y yo no pude evitar enamorarme. Así que fui allí cada día, solo con verla ya me podía hacer feliz, no podría intentar nada, ella era tan joven y yo tan viejo... Pero me llenaba de ilusión, valía la pena vivir un día más si era para ver la felicidad en sus ojos, aunque eso no evitase que siguiese en soledad. Me sorprendía a mí mismo poniéndome celoso si se paraba a hablar a cualquier chico, pero nada podía hacer, salvo rezar para reunir el valor necesario para intentar siquiera decir una palabra en su presencia. Me siento estúpido, tan viejo, y sin embargo, actúo como un adolescente que aún no ha vivido nada y le preocupa fracasar. Así que me decidí a actuar, no disponía de mucho tiempo pues mi vida se iba consumiendo y evaporando como agua al fuego.
El día que la cafetería estuvo más vacía le hice un gesto para que viniera hacia mí, sin rodeos le dije que creía sentir algo por ella, que si estaba disponible quisiera tratar de conocerla y que si no quería nada lo comprendía, era demasiado mayor para ella y no volvería por allí a molestarla. Para mi sorpresa no solo accedió, si no que me pidió que fuera a buscarla cuando terminase de trabajar.

                                                                  
☺☻☺

Ella:
Creo que no podría ser más feliz, hoy, por fin después de tanto tiempo de verle todos los días, el señor solitario me ha hablado. Pensé que sólo serían imaginaciones de una joven ilusa como yo, pero no, había algo entre nosotros que nos unía, que secretamente nos atrajo el uno hacia el otro, a pesar de nuestras grandes diferencias, parece que estamos condenados a estar juntos. Creer en el amor a veces tiene una gran recompensa y el destino decide sorprenderte con cosas como esta. Es muy triste que a veces, por falta de valor dejemos escapar oportunidades y la felicidad se nos escapa entre las manos. ¿Por qué esperar a mañana si le puedes decir hoy al amor de tu vida lo que sientes? A lo mejor mañana ya no está y podrías lamentarlo.




Al día siguiente, el señor murió.

martes, 7 de mayo de 2013

Camino hacia la libertad

¿Conoces esa horrible sensación de querer escribir y no poder? Yo no la soporto. Me atormenta a cada momento, fluyen un montón de ideas de forma constante y al hallarte ante el folio en blanco se esfuman. Es frustrante cuanto menos. Te concentras y nada, da todo igual, a mayor concentración, mayor dolor de cabeza. ¿Cómo es posible? Hace un momento la inspiración estaba ahí y sin avisar decide irse, ¡maldita bastarda! ¿Quién se ha creído que es? No sabe con quién se ha metido, no me voy a rendir tan fácilmente sólo porque ese ser caprichoso haya decidido abandonarme. Me basto y me sobro, no la necesito.
(Un rato más tarde).
Vale, me rindo, te quiero de vuelta, haré lo que sea. Aunque si quieres abandonarme, lo comprendo, pero por favor, ¡devuélveme mis ideas! Después de eso, eres libre de marcharte...
Nada, la muy perra es así, prefiere venir en el peor momento, cuando no pueda escribir, precisamente en ese instante decidirá volver, si es que ya me la conozco, siempre me hace lo mismo.
Efectivamente, no me equivocaba, vino cuando estaba en la ducha. Así que tan pronto como me fue posible salí del agua para apuntar las ideas en un papel, no iba a correr el riesgo de que se esfumasen. Después me pareció conveniente vestirme, aunque no me esmeré mucho, un tanga y una camiseta larga, ventajas de vivir sola, no le causas daño visual a nadie con la desnudez de tu cuerpo.
Acto seguido creía que el texto fluiría sólo, pero no fue así, para mi desgracia. Tuve que hacer uso de mi fuerza de voluntad, una vez que te pones, las palabras fluyen solas, pero requería un poco de esfuerzo. Aunque mi orgullo diga que sí, en realidad no podía sola. Recurrí a la música, escuchar Metallica siempre me ayuda en cualquier momento, empecé con “Wasting my hate” pero la pantalla de mi ordenador permanecía con un blanco inmaculado, que comenzaba a resultar ofensivo. No quería hacerlo, pero no me quedó más remedio que llamarle, aunque no me agradaba la idea, pensé que me resultaría útil: Jack. Es más conocido como Jack Daniels, el único hombre que dejaba entrar en mi cuerpo, mi amor por el whiskey era superior a cualquier otra cosa, ojo, no confundir con alcoholismo, sé perfectamente lo que hago.
Tras beberme media botella el folio seguía vacío, lo único que había cambiado es que ahora estaba borracha. Definitivamente, soy un desastre. Consideré que había llegado el momento de desistir, la escritura no era lo mío, escribir por obligación no es placentero, lo mejor sería que no me presentase al concurso de relatos cortos. Seguí bebiendo, resistiéndome frente a la desesperanza, aún esperaba un milagro, fue entonces cuando sonó el timbre. Miré el reloj extrañada, ¿quién en su sano juicio aparece de visita a las 3 de la madrugada en casa de alguien?
Torpemente me encaminé hacia la puerta, no pude evitar sonreír al ver quién se encontraba al otro lado. Desde luego, a nadie en su sano juicio se le ocurriría, sólo Sam podría hacerlo y además, traerme otra botella de whiskey, me conocía demasiado bien.
  • A juzgar por tu aspecto, doy por hecho que tu relato no avanza mucho, ¿no? - me dijo nada más entrar en mi casa.
  • A juzgar por el tuyo, creo que has venido en condición de musa – aventuré tras mirarla de pies a cabeza.
Venía vestida con una gabardina negra que dejaba ver sus piernas cubiertas por unas medias negras, de encaje, hasta el muslo, bien sabía que debajo sólo llevaría su ropa interior, nada más. Poco a poco, se iba desatando la gabardina, primero el cinturón y luego botón a botón, lentamente, yo no podía apartar la vista de ella. Mientras, mi cabeza viajó al momento en el que la conocí, hace ya tres años de aquello.

Una noche de viernes en un bar cualquiera, estaba con mis amigas de fiesta bailando cuando algo, o mejor dicho, alguien, llamó su atención. Ellas que se habían preparado para conquistar a todos los hombres del lugar se vieron eclipsadas por una flamante pelirroja que estaba sola bailando en el centro de la pista, todos los ojos pendientes de ella y algunos hombres que trataban de acercarse eran descaradamente ignorados. Mis amigas, sin conocerla de nada, se pusieron a criticarla. Yo no pude participar en la conversación. Nunca me había replanteado mi sexualidad, por ser mujer me gustaban los hombres, punto, no tenía más misterio la cuestión. Pero esa noche, esa chica... ¿Por qué me sentía tan atraída?
Volví en mí cuando me preguntaron directamente, qué pensaba sobre ella. Al no seguirles el juego me dejaron de hablar, ahí es cuando me di cuenta de con qué tipo de gente estaba. En cuanto la chica fue al baño, no dudé en ir detrás. Se metió en un váter y la puerta no cerraba así que se la sujeté.
  • Gracias – me dijo al salir- esto es lo malo de salir sola de fiesta, nadie te sujeta la puerta.
  • ¿Has salido sola? - me fascinaba, yo no sería capaz.
  • ¡Claro! Hay que darle al cuerpo lo que te pida, si quiere salir y no hay nadie disponible, pues no queda de otra.
  • ¿No te has dado cuenta de que tenías a todos pendientes de ti? Podrías estar con cualquier hombre de ahí fuera.
  • ¿Y qué te hace pensar que quiero un hombre en mi vida? - me preguntó alzando una ceja.
En ese preciso instante creo que es cuando me enamoré de ella. La miré, sin poder responderla, analizando su expresión, me debatía mentalmente entre lo que siempre había pensado y lo que sentía en ese momento. Al no obtener respuesta por mi parte se disponía a marchar cuando me dijo una última frase:
  • Recuerda, haz lo que te pida el cuerpo.
Era ahora o nunca, me tenía que arriesgar. Detuve la puerta para que no saliera, estaba muy cerca de mí, demasiado, sus ojos penetraron hasta mi alma y su sonrisa me tenía totalmente hechizada. Haz lo que te pida el cuerpo, recordé. Me acerqué aún más a ella, pero seguía impasible. Me replanteé el hecho de haber entendido algo mal o simplemente, que yo no le resultase atractiva. Entonces, como si me hubiera leído la mente:
  • Tú también me atraes.
Y para mi sorpresa, me besó, intensamente, como nunca nadie lo había hecho. La fogosidad que desprendíamos podía hacer arder todo el local, mientras mis manos inexpertas recorrían por primera vez un cuerpo femenino. Desde aquel momento, ella es mía y yo le pertenezco a ella. Evidentemente, en contra de todo el mundo, tan lleno de prejuicios, nadie lo entendía.

Y tres años después de aquel momento aquí sigo con ella, ¿cómo no iba a estarlo? No era alguien para dejar escapar así como así, aunque había sido difícil, finalmente la relación va como la seda.
Se acercó a la mesa, cogió un vaso y se sirvió whiskey, me acercó la botella y brindamos. Teniéndola a ella no necesitaba la bebida así que lo dejé y comencé a besarla, lentamente, desde su boca y fui descendiendo. Llevaba una lencería preciosa, lamentablemente no le duró mucho puesta, salvo las medias que se las dejé, eran mi perdición y ella lo sabía, me sonreía maliciosamente mientras me quitaba la camiseta para dejarme únicamente con el tanga. Estábamos tiradas en el sofá y cuando me fui a incorporar para ir a por el aceite para masajes me empujó contra el sofá, cogió la botella de whiskey y me lo derramó por el pecho y el abdomen, para lamerlo a continuación. No me moví, cuando quería podía ser muy persuasiva. Tras esta escena ya me dejó levantarme y la llené de aceite para darle un masaje, muy cuidadoso, sabía cómo le gustaba y qué zonas debía tocar. Lo terminé con besos por la espalda hasta su nuca y fue ahí cuando enloqueció. Me empezó a tocar de forma desenfrenada, mientras me besaba, me mordía y me acariciaba con la otra mano por el resto del cuerpo, centrándose en mi pecho. Ahora la que perdía la cabeza era yo, terminé con la cabeza entre sus piernas, haciéndola gemir. Luego me devolvió el favor y bueno, seguimos con nuestros juegos durante horas, hasta terminar agotadas tiradas en el suelo, abrazadas.
Ella se levantó en busca de su Marlboro, como le veía las intenciones le dije que se fuera de casa, al jardín, que no quería sus malos humos y ese apestoso olor en mi casa. Accedió gustosamente, pero salía tal cual estaba, sin ponerse nada y me puse celosa de que algún trasnochador o madrugador, según se viera, pudiera contemplarla. Salí tras ella.
  • ¿Por qué vienes? ¿No es que no te gusta mi olor? - me dijo coqueta.
  • Ya sabes que tu olor me encanta, pero ese no precisamente...
Le quité la cajetilla y se la tiré al jardín, mientras la llevaba de la mano hacia la piscina. Así al menos no se la vería tanto. Era tan bella como una sirena nadando, en los descansos me hablaba:
  • Si quieres mi consejo sobre por qué estás bloqueada para escribir, en mi opinión creo que te falta decisión. Deberías ser más descarada, no reprimirte tanto por lo que puedan pensar los demás acerca de tus escritos, si no les gusta, pues mala suerte, no pierdes nada. Pero por favor, nunca dejes de ser tú misma.
Comprendí que tenía razón, siempre la tiene. No sé que haría sin ella, es mi diosa particular, mi todo. Antes de conocerla, odiaba que me tocasen, pero después entendí que necesitaba calor humano, no tenía que cerrarme ante el mundo.
Salí del agua y cogí una toalla para envolverme, me sequé bien las manos y me situé de nuevo frente a la hoja en blanco. Sam vino a sentarse en mi regazo y tras su beso, al fin, empecé a escribir:
¿Conoces esa horrible sensación de querer escribir y no poder? Yo no la soporto.

martes, 14 de agosto de 2012

La Maga


Delicadamente coge la copa, llena de elixir de vida, moja sus labios en ella, sonríe a quien tiene delante y pasa la lengua humedeciendo sus labios, sensualmente.
  • ¿Qué es exactamente lo que quieres?
  • ¡Qué me ayudes! Lo necesito.
  • Bien, veremos qué se puede hacer contigo. Aunque noto un alto grado de desesperación en ti, será difícil.
  • Por favor... - llora.
  • Así vas mal, muy mal...
Ella se levanta de la mesa y le abandona. Él tira unos billetes para pagar la cuenta y sale corriendo, no puede perderla, es su única salvación.

***

Empezó como un juego, una simple ayuda a sus amigos. De la noche a la mañana se corrió la voz y acabaron llamándola “La Maga”. Valeria no tenía ni idea al principio de que aquello se acabaría convirtiendo en su gran negocio. Acudían pocas chicas a ella, básicamente hacía favores a los hombres a cambio de dinero, no, no era prostituta, era un ángel.
Una llamada de teléfono, concertaba una cita. Sabían de ella de oídas, lo que se comentaba por la calle, le decían. Pero era mentira, algún amigo de aquél chico había acudido a ella previamente. De primeras, se mostraban reacios a contar nada, pues ella rogaba mantener el secreto. Una simple táctica comercial, dile a alguien que bajo ninguna circunstancia cuente algo y no podrá callarse, salvo excepciones. Finalmente, no podían aguantar la presión y confesaban. Así formó una amplia clientela en poco tiempo.
Su labor consistía en hacerles recuperar la confianza en sí mismos, con métodos poco ortodoxos. Bien sabido es que a coser se aprende cosiendo, y así con todo. La práctica es la clave. ¿Quieres saber ligar? Ligando, no sin calabazas, pero va en el pack. ¿Ser buen amante? Bueno, pues ya sabes...
Valeria no estaba a salvo de los idiotas que fingían necesitar su ayuda cuando lo único que querían era utilizarla cual mujer de la calle. Pero había aprendido, los sabía detectar. Por eso, antes de llevarlos a su casa los obligaba a tener una cita, en un bar que fuese bastante concurrido para evitar problemas. Sólo con eso ya podía saber ante quién estaba, sabía reconocer a la gente con sólo cinco minutos que hablasen con ella.
A simple vista, podía parecer ardua su labor, aunque no se puede generalizar, hay normas básicas que sirven para todo el mundo. Cierto es que con las chicas lo tenía más sencillo, ya que ella era mujer conocía cómo debilitar al oponente. En el caso contrario podía ser más complicado ya que las mujeres son todo un mundo, muy retorcidas. Pero la verdad, el quid de la cuestión no estaba en cómo era la presa a cazar, si no la falta de confianza que residía en ellos. No se necesita ser guapo, sólo tener confianza en uno mismo, es la forma de llegar lejos.

***

Enrique, casi sin aire, consigue llegar hasta ella.
  • Primera norma, no seas desesperado. Y si no puedes evitarlo, al menos, no lo muestres. No hay cosa que más canse a una mujer.
Abre el portal y se dirigen hacia el ascensor. Pulsa el botón. Él contempla el delicado dedo que termina con una perfecta manicura francesa.
  • ¿Tienes novio?
  • Segunda norma, conmigo ni lo intentes. Bueno, no es una regla en sí, simplemente un consejo si de verdad quieres que te ayude.
Suben hasta la cuarta planta. Entra en su piso y desconecta la alarma. Le invita a pasar. Se dirigen al salón, ambientado como un bar. Se sientan en un sofá.
  • Bien, ahora me vas a mostrar cómo actúas. Te irás a la barra y vendrás hacia mí. ¿Cómo ligas?
Él obedece cual perro. Se sienta en un taburete, la mira y sonríe. Se dirige hacia ella.
  • ¿Puedo invitarte a una copa?
  • No.
  • ¡¿No?! ¿No se supone que tienes que ser receptiva?
  • En absoluto, sabes que puedes ser rechazado. Pero la cuestión no es esa. No debes ser tan obvio. Cuando un chico invita a una chica a una copa es porque espera una recompensa por ello. Ellas lo saben y el hecho de que acepten no quiere decir que te vayan a corresponder, simplemente tienen una copa gratis. Nada de tópicos, puedes hacerlo mejor.
  • Perdona, ehm... Tienes, no. Querrías... No, lo siento, no me sale.
  • Tienes que ser original, sorpréndela con algo que no la hayan dicho nunca, o que haya oído siempre, pero de otra manera. ¡Originalidad!
  • Mi físico no ayuda a que me miren siquiera.
  • Olvídate de eso. Es irrelevante. Bueno, a ver, también influye, pero con otros detalles más importantes puedes conquistarlas. Sé simpático, sonríe, que no sé dé cuenta de tus intenciones, que parezca que de verdad estás interesado en ella, debe creer que quieres conocerla. Piensa sobre ello y nos vemos mañana.
Sorprendido la paga. ¿De verdad eso le va a servir? ¿Ya está? Bueno, si ha dicho que se ven mañana será porque falta algo.


Tras marcharse él llega una chica. No tiene inconveniente en invitarlas directamente, son distintas. Principalmente, no se sienten atraídas por ella. Un único consejo es suficiente, son más hábiles.
“Necesitas mentalizarte de quién eres, de tus posibilidades. Saca partido a lo que tienes, resalta tus rasgos, lúcete. Tienes que salir a comerte el mundo, pero también ser consciente de que si no consigues lo que quieres no pasa nada. Lo que cuenta es disfrutar, pasarlo bien, al fin y al cabo, la conquista no es más que un juego. La desesperación pueden olerla y no les gusta, a no ser que estén demasiado borrachos y no distingan o se encuentren en la misma situación. Pero tú no quieres eso, hazte valer y no te conformes con cualquier cosa. Trata de llamar su atención con miradas discretas, sonrisas tímidas, finge indiferencia. Lo mejor para que vaya detrás tuyo un chico es pasar de él, te seguirá si le interesas, te buscará. Deja que se crea que es él quien te ha conquistado, les sube el ego, se esforzarán en llamar tu atención. Recuerda, no te conformes con lo primero que venga, lucha hasta que consigas lo que realmente quieres. No tengas miedo a quedarte sola, no son imprescindibles.”


Al día siguiente, vuelve Enrique. Un poco temeroso, no sabe si lo hará bien. Pero Valeria se muestra receptiva, le felicita por su avance y sus logros. Le da otro consejo: no utilices siempre la misma frase si ves que te funciona, puedes dar con chicas que se conozcan y quedarás como un idiota. Recuerda que debes ser original, saca ideas de dónde sea. Con confianza cualquier cosa te puede servir, sólo cree en ti. Ahora, sedúceme. No nos conocemos y te acercas. ¿Qué me dices?
  • Te propongo un juego, he traído un dado. Dependiendo del número que salga, tendrás que hacer una cosa por mí.
  • ¿Y eso por qué?
  • Porque así se alegra un poco la noche. Estás sentada sola, tus amigas te han dejado aburrirte aquí...
  • No, no puedes criticar a sus amigas, evita eso. Venga, de nuevo.
  • Porque así podemos divertirnos un rato, es algo inocente. - Sonríe.
  • Bien, no está mal. Me tienes intrigada. ¿En qué consiste el juego?
  • Depende del número que salga. Cada uno es una acción. - Lanza el dado.
  • Tres. ¿Qué significa?
  • Me debes una sonrisa.
  • Bien hecho, consigues una sonrisa real, no necesito fingirla. Has establecido buen contacto, consigues llamar la atención y despertar el deseo de seguir jugando.
Tras ello, Enrique está listo para pasar a la penúltima fase. Ella le aconseja en las artes amatorias, desde besos y caricias hasta posturas. Por supuesto, todo es práctica.
Finalmente toca llegar al último punto. Ahora que ya sabe cómo hacer que una mujer tenga un orgasmo sólo necesita un empujón. Le da unas pastillas que tiene que tomar antes de salir de fiesta, le garantizan la noche de éxito. Que vuelva después del fin de semana.
El lunes acude maravillado donde ella, pidiéndole más pastillas, loco con el triunfo de las noches pasadas.
  • De verdad que funcionan, quiero comprarte más.
  • No las necesitas.
  • Sí, sin ellas no podré lograrlo.
  • Claro que sí. En realidad sólo son placebo, te daban seguridad en ti mismo. Estabas convencido de que en la cápsula se encerraba el afrodisíaco para ligar. Gracias a que creías que con ellas lo lograrías...
  • No puede ser - la interrumpe.
Ella le muestra la caja de caramelos donde están las píldoras. Él se queda estupefacto. Lo ha conseguido, él que no era digno de ser mirado, ahora tiene que organizar citas para cumplir con todas.


Valeria está satisfecha con su trabajo. Pocos son los que regresan si no es para darla las gracias, todos alcanzan sus metas. Sin embargo, hay un caso que no pudo resolver. ¿Quién la ayuda a ella?

martes, 29 de mayo de 2012

Más allá de lo físico


María y Sofía estaban sentadas en el banco de un parque, poniéndose al día con su vida mientras puntuaban a los chicos que pasaban por delante. Para su desgracia tenían un gusto muy parecido así que se los tenían que repartir para no acabar peleadas.
Después de un rato sin pasar nadie Sofía vio un 10, algo espectacular y poco común. Un chico de 1'80 más o menos, con un cuerpo bien proporcionado (se notaba que era de gimnasio y si no, sabía cómo cuidarse) una musculatura nada exagerada. Rubio, con el pelo cortado al 2, una barba de pocos días, la nariz como la de Miguel Ángel Silvestre y unos llamativos ojos verdes.
Perdió toda la capacidad del disimulo y se quedó mirando descaradamente, aunque él ni se giró a verlas, iba concentrado en su camino. María dirigió su mirada en la misma dirección que Sofía, después de que ésta murmurara “10” pero no vio nada.
  • ¿Dónde ves un diez?
  • Habla más bajo, que te va oír, está delante nuestro, ¿estás cegata?
  • El sol te está afectando, ya hasta tienes alucinaciones, ya me parecía a mí que por estos lares no hay dieces...
Pero Sofía estaba segura de que no era fruto de su imaginación, así que propuso ir a dar un paseo para que su amiga pudiera comprobar que no alucinaba. Fue tras él, bueno, en la misma dirección ya que caminaba deprisa y había desaparecido de su vista por un momento. No tardó en verlo de nuevo, pero esperó a estar cerca para avisar a María.
Llegaron a un antiguo colegio que ahora era un parking, si no se daba prisa, lo más probable es que se marchara en algún coche y ya no lo volviera a ver más. Nada más entrar ya se habían acercado lo suficiente, pero la amiga seguía sin verle así que Sofía se sintió muy confusa. María, aprovechando que estaban allí se fue al baño, mientras la otra fue tras el chico. Lo que pasó fue muy extraño, el joven llegó a una columna donde estaba la caja del extintor, apoyó la cabeza y desapareció. Sofía no salía de su asombro, ¿había sido una alucinación? Volvía donde su amiga cuando lo vio de nuevo, salió de detrás de otra columna y esta vez fijó su mirada en ella.
  • No cuentes lo que has visto.
Y se esfumó, visto y no visto. Asustada, entró al baño.
  • María, ¿estamos solas? Tengo que contarte algo.
Su amiga tiró de la cadena y salió.
  • Sí, ¿qué pasa?
En ese momento de la puerta contigua salió él, se llevó el dedo a los labios pidiendo que guardara silencio. Sofía miró a su amiga y comprobó que era cierto, no podía verle.
  • ¿Tú crees en los fantasmas?
  • No. Aún así es un tema que me da respeto.
  • Vale, y en el supuesto caso de que existieran (él estaba sonriendo), ¿crees que son de las personas que están muertas? Sabes, eso de que siguen aquí porque tienen algún asunto que resolver. ¿O pueden ser de personas que siguen vivas pero se hallan en estado grave?
  • Pues no lo sé, pero eso último es muy raro, ¿cómo alguien que está vivo puede ser a la vez un fantasma?
  • Es que, hace tiempo me ví una serie en la que salía una pareja que tras recibir varios disparos estaban inconscientes en el hospital, pero seguían con vida y podían hablarse entre ellos y estar al mismo tiempo en el mundo “real” y ver a sus familiares, pero a ellos no podían verlos ni oírlos.
  • Sofía, es una serie, ¿no distingues entre realidad y ficción? ¿Te drogas? Porque entre esto y el chico que viste antes...
Sofía miró hacia él, que seguía allí con ellas. María se giró, pero seguía sin notar su presencia.
  • Bueno, yo me voy ya a casa, que es tarde. Tú deberías hacer lo mismo y dormir un rato, que me parece que no te encuentras nada bien.

Se despidieron a la salida del parking. Cada una iba en dirección opuesta. Sofía regresaba al parque y el chico fue tras ella. Se situó a su derecha, pasó el brazo por encima de los hombros de ella y la acarició desde la mejilla hasta la barbilla.
  • Buena chica, por un momento temí que se lo contaras, pero aún así ya ves que no te creería, así que no importa.
La reacción lógica sería salir corriendo, pero Sofía no lo hizo. Se sentía relajada, a pesar de lo extraño de la situación, si de verdad sólo formaba parte de su imaginación nada malo podría pasarla.
  • No entiendo nada.
  • Vayamos por partes, así que piensas que soy un fantasma, que de verdad existo vivo o muerto.
  • O que sólo eres fruto de mi mente.
  • Me temo que no.
Se deshizo del brazo de él y lo miró asustada. Se negaba a creer que aquello estuviese pasando de verdad, si era un sueño, quería despertarse ya.
  • Si de verdad eres un fantasma...
  • Lo soy – la interrumpió él.
  • ¿Por qué sólo puedo verte y oírte yo?
  • Vaya, pensé que me preguntarías primero otra cosa.
  • ¿El qué?
  • ¿No quieres saber si estoy vivo o muerto?
Un escalofrío recorrió su espalda, asintió levemente, temerosa de la respuesta.
  • Sigo vivo, aunque no sé por cuanto tiempo.
Una parte de ella se alegró, sería una pena que un chico así despareciera tan joven y otra parte sintió curiosidad, ¿qué le ocurría?

Por suerte, no había nadie más en el parque, pero ella decidió que lo mejor sería ir a su casa, ya que si alguien la veía pensaría que iba hablando consigo misma. Afortunadamente, vivía sola. Se sentaron en la cama y estuvieron conversando durante horas. Así ella supo que el chico se llamaba Ramón, que se hallaba en un hospital con la vida pendiente de un hilo porque necesitaba urgentemente un trasplante de riñón, ya que tras un accidente que tuvo perdió uno de ellos y el otro no resistiría mucho más. También le contó muchas cosas de sí mismo pero aún faltaba un detalle que a ella le inquietaba.
  • Te falta responderme a una pregunta, ¿por qué sólo puedo verte y oírte yo?
  • Verás, eso es muy complicado, ¿crees en el destino?
  • Por supuesto.
  • Tú y yo, a pesar de que todavía no nos conocíamos, estábamos predestinados a estar juntos y no podía morirme sin conocerte.
Se produjo un largo silencio en el que ella trataba de asimilar todo lo ocurrido. Respiró hondo.
  • ¿Cómo puedes saber eso?
  • Cuando desperté en este estado lo supe, para mi sorpresa, no me resultó difícil encontrarte. Estoy ingresado en el hospital en el que tú trabajas de enfermera y tu amiga es mi médica.

Decidió comprobar hasta que punto era real todo lo ocurrido y llamó a María para preguntarla disimuladamente, para que no notase nada raro, por Ramón. Su cara era de absoluta estupefacción cuando quedó demostrado que era verdad.
A modo de favor y con la promesa de que algún día se lo explicaría consiguió que la médica la hiciera las pruebas para ver si su órgano sería compatible con el de Ramón. Finalmente, y tras un largo proceso de recuperación todo salió a la perfección.

Cuando Ramón abrió los ojos en el hospital lo primero que vio fue la cara sonriente de Sofía y el calor de su mano cogida a la suya. Una mirada de complicidad que sólo ellos podían entender lo explicaba todo. Con el electrocardiógrafo a modo de banda sonora él la dijo sus primeras palabras salidas de su auténtico cuerpo:
  • Unidos para siempre, porque nuestro amor va más allá de lo físico.

lunes, 23 de abril de 2012

Little savage mad


Contemplo su fotografía, tratando de descubrir qué esconde tras esa sonrisa, quisiera llegar hasta sus pensamientos, pero no puedo. Estoy tan lejos de ella... Sólo puedo observarla y envidiarla en la distancia. ¿Quién es esa joven tan risueña?
Sus ojos tienen un brillo especial que te hacen preguntarte si la sonrisa está dedicada a la cámara o a quien está tras ella... Nunca lo sabremos. Sólo podemos contemplarla en pleno éxtasis de felicidad, atusándose un mechón de pelo y regalando al fotógrafo una amplia sonrisa auténtica, nada forzada, que quedó grabada para la posteridad.
Sólo con verla se puede recuperar el inmortalizado momento, sentir esa alegría de vivir, la cual me tiene abandonada en estos momentos, pero con ella consigo recuperarla. Es posible ser feliz.
Vuelvo a creer en algo, siento que puedo lograr las cosas, ojalá vuelva a mí esa pequeña salvaje loca.

jueves, 5 de abril de 2012

La cita

Mientras contemplo el lluvioso cielo ramaliego y escucho The Beatles, no puedo evitar pensar al más puro estilo Carrie Bradshaw en la cita que tendré, no en la ciudad, si no con la ciudad. Por supuesto, no me refiero a Nueva York, me refiero a Santander. ¡Cuánto la echo de menos!
Hay tantas cosas por hacer allí... Un paseo por el cercano centro comercial, comenzar la ruta en El Empalme y de allí, ir hacia Peñacastillo, recorrer aquello. Dar la vuelta y llegar hasta el Alisal, estar en el peculiar parque encima de una rotonda. Tal vez, seguir por Cazoña, hasta la rotonda de los Osos...

Aunque también se podría haber bajado por Gerardo Diego e ir hasta el parque de la Vaca, a tomar el sol, escuchar música, leer o mejor aún, escribir. Mientras contemplas el tren pasar o a los niños (y no tan niños) jugar con su skate.

Continuar hasta Valdecilla sur para ir al parque de la Marga, no recomendable ir de noche, a no ser que seas drogadicto... Continuar por la calle Castilla, el barrio Pesquero (ni se te ocurra decir muy alto que apesta, al menos en esa zona). Visitar el Archivo Provincial, túnel sin retorno, ni te enteras del transcurrir del tiempo allí dentro.

Bueno, desde el parque, en vez de bajar por Valdecilla, se puede continuar hasta Cuatro Caminos, dirección San Fernando, estar en el parque o ir al otro lado a la calle San Luis, que se dice que ya no es lo que era... O subir a la calle Alta y visitar el Parlamento.

Ir de compras a la calle Burgos, hasta Jesús de Monasterio, desde Estudio a Beat. Alejarse una calle de la principal y hacer una parada en la biblioteca de Menéndez Pelayo o visitar el MAS (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander). Quedar en la plaza del Ayuntamiento, gente de todo tipo verás... Continuar y antes de llegar a Correos visitar la Catedral. Tal vez ir a buscar a alguien a las Estaciones. Ir a la Porticada, acercarse hasta Café & Té a por un capuccino, para llevar. Estar sentado tranquilamente en la plaza Pombo o en los Jardines de Pereda.

Cruzar por donde el arco del Banco Santander, visitar la sala de exposiciones de la Fundación Botín. Subir hasta Río de la Pila, buen ambiente, sin duda. Descender de nuevo, ir a Puerto Chico, puedes disfrutar del mar, embarcarte y dar un paseo por la bahía.

Puedes atajar para llegar a la avenida de los Castros por el túnel de Tetuán, o por el contrario disfrutar de un largo y bello paseo por Castelar, ver alguna obra en el Palacio de Festivales, ir por Reina Victoria, ver la playa de Peligros o casas espectaculares. Llegar a la Magdalena, la playa, el zoo, el Palacio, el lugar en sí es precioso, la vista de la Isla de Mouro (algún día podré ir, no pierdo la esperanza). La playa de Bikinis.

Continuar hasta la playa del Camello (que según mi parecer visto desde la Magdalena bien podría ser una ballena...), de la Concha y llegar por fin a la de El Sardinero. Saborear un riquísimo helado del puesto que hay en Piquío. De ahí, bien puedes continuar a la siguiente playa, hasta el parque de Mesones, llegar al famoso hotel Chiqui. Visitar el gran parque de Mataleñas, seguir hasta el Faro (el picadero que le llaman). Una de las primeras frases que me dijeron al llegar a Santander: “si alguien te dice de ir al Faro es que quiere follar”.

Volver hasta el Estadio, el Palacio de Deportes, el parque de Las Llamas, un buen sitio para hacer tantas cosas... Desde pasear, tomar el sol, comer, descansar hasta ver como juegan al jugger... Si subes, estarás en “las universidades” sé que no es correcto, en realidad son facultades y una sola universidad, pero así lo dice la gente.

Si quieres atajar, puedes subir hasta General Dávila (ya cada vez se hace menos dura la cuesta) y desde ahí bajar al centro. Si quieres hacer el recorrido inverso, ni se te ocurra subir la cuesta de la Atalaya o morirás... Sí, bueno, exagero, pero es una cuesta horrible.



Sólo es una pequeña parte de todo lo que se puede ver allí, sin contar todos los eventos culturales a los que se puede asistir, ni el recorrido nocturno de fiesta...

¡Qué bella es Santander!

lunes, 26 de marzo de 2012

Harapos (19 abril 2011)

Retales de ropa
que tal vez,
algún día quisiste
que fue para ti preciada.
Hoy ya no son nada
sólo simples fragmentos
que carecen de sentido
que vas a tirar
sin importar
que alguna vez
fue tu abrigo.

sábado, 17 de marzo de 2012

Dolor (19 abril 2011)

He sentido el peor de los dolores,
el que no es físico,
el que va por dentro,
el que te desgarra,
el que te consume,
el que te mata...

El que te hace odiarte,
el que no comprendes,
el que no curas,
el que se adhiere a tu piel
como una segunda capa.

sábado, 21 de enero de 2012

Vacía (19 abril 2011)

Amar es una poderosa palabra
pero he sido capaz de sentirla,
lo sé.
Sin embargo, ahora me olvidé de hablar,
ya no sé decir “te quiero”,
no me veo capaz de volverme a enamorar.
No me gustan los términos medios
yo soy de las de todo o nada,
y nada es lo que quiero ahora.
Me han hecho daño,
he sufrido mucho
y tengo miedo.
¿Volveré a sentir algo?
¿O me quedaré vacía de sentimientos?
Sin encontrar a nadie que me complete por dentro.
Le doy mucha importancia a estos temas,
mas estas cosas no se buscan
aparecen solas cuando menos lo esperas.

Pero, ¿qué hacer?
Cuando ya nada importa,
cuando ya nada esperas
cuando ya nada sientes
y sólo quieres, que el recuerdo se muera...

domingo, 18 de diciembre de 2011

Insomne

Una vez más, siento que vuelvo a otra época, recordando viejos tiempos... Vuelve el insomnio, vuelvo a no poder dormir, a pesar de tomar pastillas... No sé qué me pasa, es lo más desagradable de todo. Muchas vueltas en la cama hasta que me decidí a levantarme, aunque tenía sueño, por eso me fui pronto.
Oía todo aún con las ventanas cerradas, la abrí a ver si me daba el aire y no hay, hace una noche estupenda. Se estaría bien dando un paseo, pero claro, no son horas... La gente normal está durmiendo. Mi compañera duerme plácidamente, ¡qué suerte tiene!
Aquí detrás hay una pista para jugar al fútbol, esta tarde hubo un partido. Ahora hay 5 críos, no puedo apreciar qué edad tienen, tal vez la misma que yo, aunque creo que menos... Jugaban al baloncesto. Cerca hay una iglesia y entre ésta y la pista, unos contenedores, pues allí había una patrulla, en el clásico patrol, vigilando... Me pregunto qué controlarían, no parecía haber nada interesante.
Los críos se fueron, pero sólo para volver al rato, con el insistente botar del balón y con más elementos: 2 palas, 2 raquetas y una pelota de tenis. No se cansan. Por parejas jugaban al tenis, mientras uno se quedaba forever alone con el balón de baloncesto, a modo de pelota de fútbol lanzando tiros a la vacía portería. Ponen música, gritan: - David, tío, ¡estás loco, le abrirás la cabeza a alguien!
El chico no parece tener muchas luces, no hacen más que gritarle... Apenas iluminados por dos farolas no juegan bien, pues no ven la pelota. En más de una ocasión se les sale del campo, sobrepasando la verja hasta la calle. Una fue muy curiosa puesto que no superó la altura y aún así acabó al otro lado. ¡MAGIA! Gritaron.
Pasan coches por la carretera, siempre hay alguno, rara vez está vacía. Al menos no hay el colapso diurno, con sus pitidos, el semáforo que no se respeta y los accidentes leves, los frenazos...
Voy hasta el baño sólo por darme un paseo por el pasillo, la terraza está abierta y salgo a tomar el aire inexistente (bueno, claro que hay aire, si no, no respiraría, pero me refiero a la brisa). Realmente es una noche agradable. Regreso y meto la llave que María, mi compañera, se dejó olvidada en la puerta.
Los críos ya se fueron, la calle está tranquila y yo sigo sin poder cerrar los ojos. Odio esta sensación de cansancio, sueño y que al meterme en la cama desaparezca. Volveré a intentarlo una vez más, tal vez la música me ayude, ojalá... Si no, sólo queda aguardar a que en algún momento de esta madrugada mi cuerpo se decida a descansar. Mmm bostezo, espero que sea buena señal.

sábado, 17 de diciembre de 2011

A mi padre

Por darme la vida,
por quererme,
por estar siempre ahí
(aunque a veces no lo parezca).
Por ser padre
y a la vez hermano,
por entenderme
y aconsejarme.
Por nuestras bromas
y nuestros piques,
hablarte y que respondas “aham”.
Por jugar conmigo
y tener siempre la gracia a punto.
Por la paciencia que has tenido conmigo,
por enseñarme a conducir
(entre otras cosas),
por ayudarme
y apoyarme siempre.
Por esto y mucho más,
te quiero, papá.

¡Feliz cumpleaños!
Espero que sigas tal cual eres,
que la vejez no te cambie
y siento no haberme quedado allí.

domingo, 25 de septiembre de 2011

A mi amor

Hay dos palabras,
suele costar decirlas
pero a mí nada.
Te quiero.

Te quiero,
por estar siempre conmigo,
por no fallarme,
por adaptarte a mí perfectamente,
por tolerar mi música,
por hacerme feliz.

Tuve miedo con la operación,
pero ahora estás mejor que nunca.
Recuperado eres una maravilla.



Porque ya llevamos un año,
te quiero.

Se dice que no se debe amar
a las cosas,
pero no eres una cosa.
Querido, tú eres más que eso,
fiel compañero,
que incluso enfermo
me demuestras tu amor
más sincero.

Porque si Juan Ramón Jiménez escribe a su coche,
yo también puedo.



viernes, 23 de septiembre de 2011

Espejito, espejito...

En el mundo tiene que haber de todo: gente guapa o fea, alta o baja, flaca o gorda, etc... También hay términos medios, y casos a parte sin remedio.
La cuestión que voy a tratar es la de flacos y gordos puesto que considero que es “fácilmente” alterable. Es algo que está en cada uno cambiar, sólo hace falta querer. Pues hay muchos gordos conformistas que no sólo se ven horribles (sí, esclava y víctima de la sociedad superficial, culpable) si no que pueden tener problemas de salud y lo peor es que son felices así. Bien es cierto que hay gente con sobrepeso por enfermedad, pero se puede ir al médico y ponerse en tratamiento. También nos podemos poner a dieta, hacer deporte... No sólo nos veremos mejor físicamente, si no que ganaremos en salud.
Por otro lado, están los extremadamente delgados, que tienen la batalla contraria a los otros, se esfuerzan por engordar. ¡Qué mal repartido! Unos dejando de comer y otros sin parar de hacerlo. Yo, la verdad, envidio a esa gente tan delgada que no hace más que comer “porquerías” y no engorda un gramo. Bien es cierto que hay gente así por enfermedad, que puede ser natural o buscada.
Lo ideal sería estar delgado, pero una delgadez sana y no enfermiza, esquelética. Fácil de conseguir como dije con dieta y deporte. Aunque con el deporte hay que tener cuidado también. Puedes hacer una serie de ejercicios adecuados, controlados u obsesionarte, llegar al extremo de querer más y más, nunca ser suficiente (¡hola vigorexia!).
Creo que es todo muy complicado, es difícil encontrar el equilibrio y no obsesionarte con aquello que te preocupe. ¿Cómo encontrar el límite? ¿Cómo saber cuando parar? La mayoría de las veces tiene que ser por una causa externa, puesto que nosotros mismos no somos capaces de verlo, la mente nos juega muy malas pasadas. Gordos que se ven bien en el espejo, delgados que se ven gordos, musculosos que se ven esmirriados, debiluchos que se creen fuertes...
“Espejito, espejito, ¿quién es la más gorda del reino?”

La sociedad, lamentablemente, es muy superficial, si no te correspondes con el canon de belleza general te ves apartado, humillado, no te aceptan. Pero, ¿quién establece el canon? Y lo peor, ¿por qué nos esforzamos en alcanzarlo? ¿Por qué lo seguimos?
En el fondo, la culpa es únicamente nuestra, por aceptar la situación. Pero no podemos luchar en su contra, lo aceptamos y todo por no querer ser rechazados. Nos preocupamos tanto por el aspecto físico que nos olvidamos de que lo realmente importante está en el interior (la típica frase de los feos se suele decir), y no lo digo por tener una belleza huidiza, si no porque en el fondo es verdad. El físico se pierde con los años (aún dejándonos un dineral en cirugía plástica) pero el interior permanece inmutable. ¿Soportarías después de unos años a alguien que sólo te gustaba por su físico y tiene la cabeza hueca?

sábado, 17 de septiembre de 2011

Delirios oníricos

Sabía lo que ocurriría. Sabía que la señora de rojo se tropezaría, que pasaría en bici un chico vestido de azul y que el niño de amarillo se echaría a llorar porque su madre no le consentía algún capricho. Y si sabía todo eso es porque ya lo había vivido, lo soñó la noche anterior.
Seguía pasmada ante la idea. ¿Cómo podía saber lo que iba a pasar? Era consciente de lo maravilloso de su situación, si soñaba con alguna desgracia ¿podría evitarla? Estaba ansiosa por ir a la cama y volverse a dormir, a ver que ocurría... No pudo saberlo.
Ni tan siquiera se había despertado y se dio cuenta de que estaba dormida, era un sueño dentro de otro sueño. Esto la desubicó todavía más, ¿cómo era posible ser consciente de estar soñando?
No la dio tiempo a pensarlo, ya estaba en otra parte. De repente estaba en una fábrica, pero era muy rara. Era una mezcla de colegio y casona de 4 pisos. No supo qué se fabricaba, sólo veía un orden perfecto, cada uno en su lugar, no podía moverse ni de su planta ni de su sitio. No había lugar para los cambios, pero se estaba bien, todo era armonía, dividida en 4 fases.
Sin embargo, nada era real. De noche todo se transforma y llegó el caos. La gente abandonó su puesto, corría de un lado a otro como huyendo de algo. Dieron con el acceso a las escaleras y cada uno se dirigía feliz hacia el descubrimiento de aquello que desconocían. Armando alboroto, con gran jaleo aquello se descomponía, se había roto la estructura perfecta e idealizada.
Escapó de allí, no podía soportar esa degeneración. Sin saber cómo, había acabado bajo la lluvia, en plena calle, desorientada. ¿Qué hacer? “Ve hacia la luz” le dijo una voz. ¡Joder! ¿Estoy muerta? Dejó de pensar en ello al ver la mencionada luz.
Era un barrio apartado compuesto por chalets adosados, con su respectivo jardín, bien cuidado. Todos tenían alguna luz de la casa encendida, salvo uno, en el que decidió colarse. Inexplicablemente sólo tuvo que girar el pomo para entrar, no tuvo más complicación. Desde la entrada pudo apreciar el exquisito gusto con el que estaba decorada la estancia. ¿Quién viviría allí? ¿Habría alguien en la casa? Esperaba que la respuesta fuera negativa. Se fijó en una mesita que tenía frente a ella, al pie de la escalera.
Allí había un cestillo con cosas varias, tales como llaves, chicles, cigarrillos, un boli y una pequeña libreta. Decidió curiosear y encontró algo que no esperaba en absoluto. Resulta que en ella había fotos y datos sobre unas personas, que sin conocerlas de nada, supo que fueron antiguos inquilinos. Estaba tan abstraída que ni se percató de que alguien bajaba la escalera.
Varón de metro ochenta, entre 24 y 27 años aproximadamente, rapado entero, con 3 piercings en la oreja izquierda (dos aros en el lóbulo y un palo con bola en la parte de arriba), perfectamente afeitado, un tono de piel ni muy blanco ni moreno. Descalzo, con una toalla a la cintura que dejaba ver unas piernas melenudas y un pecho perfecto, sin un solo pelo y unos abdominales bien marcados, todavía húmedos tras la reciente ducha. Se detuvo a mitad de la escalera al ver a la chica. Ella interrumpió su lectura al notar un leve cambio en el ambiente, dirigió su mirada a la escalera y lo vio.
Vivieron unos momentos, de tiempo indefinido, muy tensos, en los cuales se dedicaron a hacer un estudio rápido del otro. De él poco más se podía decir, salvo que tenía unos ojos marrones (casi negros), increíblemente penetrantes, que intimidaban a la vez que atraían a la joven. El primer impulso del hombre era echarla de allí, pero algo se lo impedía. La veía muy delicada, débil y vulnerable, además de empapada tras caminar bajo la lluvia. Él rompió el silencio:
  • ¿Quieres una toalla para secarte?
Ella quedó sorprendida por la amabilidad que mostraba, y sobre todo, por el hecho de que no la echara de su casa. Sabía que eso sólo era posible por el lugar donde se encontraba, lejos de la realidad, una pequeña parte era consciente de ello, la otra se empeñaba en negarlo, quería disfrutar. Y se dejó llevar por el momento.
  • Gracias, sólo espero que no sea la que llevas puesta...
Él sonrió y subió las escaleras. Se vistió de forma rara para quedarse en casa: estilo montañero, con esos pantalones típicos de color beige y una camiseta negra de manga corta. Apareció así ante ella y con una gran toalla en la mano. Ella se envolvió entera. Él la aconsejó darse una ducha caliente para entrar en calor y que no se resfriara. La llevó hasta el baño y dejó una camisa suya para que se pusiera, ya que no tenía otra cosa.
En el salón a la izquierda de la entrada, esperaba Juan (así se llamaba el hombre) fumándose un cigarro y pensando qué rayos estaba haciendo dando cobijo a una completa desconocida. Mientras, ella se despejaba con el agua y pensaba qué haría cuando saliera.
Se había apurado el pelo, pero aún así lo tenía mojado, llevaba la toalla a modo de vestido de palabra de honor. Iba a bajar para preguntarle si por casualidad tendría un secador. Con un repentino mal humor, ante la sospecha de estar con una ladrona, Juan había subido al piso de arriba y tras encontrar su habitación en perfecto orden fue a mirar si ella estaba en el baño. Sin querer, la golpeó con la puerta en la cara. Estela, era ella, se llevó las manos a la nariz, que había comenzado a sangrar al instante, al ver la sangre se desmayó.
Él comprendió que se había equivocado, estaba ante una buena persona que por motivos desconocidos había llegado hasta él. La limpió la sangre, la llevó en brazos hasta su cama y allí la dejó tumbada. Una vez interrumpida la hemorragia decidió despertarla, pues se sentía muy incómodo ante su presencia, tan ligera de ropa...
Estela sonrió y le pidió disculpas. Juan la tranquilizó diciendo que no pasaba nada y la pidió, por favor, que se vistiera. Aún mareada, acertó a levantarse y llegar hasta el baño. Se puso una muda y la camisa blanca, semitransparente, que además de no ser muy larga, dejaba poco espacio a la imaginación para adivinar los detalles de su cuerpo. Ella había notado la rápida conexión que entre ambos se había establecido. Asomó la cabeza por la puerta del baño.
  • Tengo un problema. ¿Cómo te llamas?
  • Juan, ¿mi nombre es un problema?
  • No, pero mi aspecto sí.
  • Mmm...
  • Estela.
  • Bien, Estela, no creo que suponga un proble...
No pudo acabar al verla. La noche dejó de ser fría, dejaron de ser dos...

Se hizo de día y no habían dormido nada. Entre tanta gente que hay en el mundo se habían encontrado, era casi un milagro. ¿Quién puede afirmar con tanta seguridad hallarse ante su otra mitad? Así se durmieron.
Estela despertó con una sonrisa en los labios, se giró en la cama y con lo único que se encontró fue con su almohada. Comprendió lo ocurrido, ahora estaba en el mundo real, Juan no existe. ¿O tal vez sí? Se puso a recordar, no sin dificultad, todo lo que había soñado. ¿Y si ocurriera como en su sueño inicial? Quizá fuese capaz de adivinar su futuro, a lo mejor, bueno, más bien a ciencia cierta, no pasase tal cual pero la dio esperanzas. En algún lugar Juan existía y algún día ambos se encontrarían, intuía que el momento ya no estaba lejos. Sin embargo, hasta que llegara ese “príncipe” todavía tenía que estar con muchos “sapos”, pues si no conociera a ninguno no podría darse cuenta ni distinguir a ese hombre especial entre el resto. No puedes saber cuál es tu plato favorito si sólo conoces una comida, es evidente cuál sería, por eso, lo mejor es tener una dieta variada, disfrutar con cada alimento y luego decidir.

viernes, 16 de septiembre de 2011

1.08.2011

Un año después, mismo sitio, en el mismo lugar y algunas caras ya conocidas. Mismo profesor, que esta vez me dará clase el año que viene. Mismos problemas técnicos, mismo retraso en el horario, con la salvedad de que esta vez tuvimos el material a tiempo. Afortunadamente, el mismo alcalde inaugura el curso, pues sin su apoyo no tendrían lugar ni el curso ni las conferencias vespertinas.
Un año después, tras mi primer año de carrera, espero venir con más conocimientos, comprender mejor aquello que tratan de enseñar: la relación del hombre con las cuevas, ¿qué significan los muertos en las cavernas?
Un año después, muchas cosas han cambiado, mi entorno no es el mismo, mi estilo de vida tampoco es igual y ni mucho menos yo soy la misma. Se empieza mes y semana, lo que para mí, que siempre me fijo en los pequeños detalles, al igual que Amélie, lo considero una señal. Una oportunidad para comenzar algo, ¿por qué no hacer una lista de propósitos? Algo que evidentemente vaya a cumplir. Bueno, por lo pronto, un objetivo que requiere mi atención inmediata es atender, así que me veo obligada a dejar de escribir esto y concentrarme en “los primeros testimonios de enterramientos humanos”.
Volveré y espero que con alguna historia interesante, tengo varias ideas y por lo que se ve, Ramales no está tan mal, por algún motivo que desconozco me ayuda a escribir. Llegué ayer y escribí, ¿volveré al ritmo de relato por día?

jueves, 15 de septiembre de 2011

Desahogo

Esta no es la clásica historia que escribo siempre, a modo de amuleto, antes de un examen, está claro que debo dejar de ser tan supersticiosa... Simplemente es un desahogo, porque por experiencia sé que cuando algo me preocupa y lo plasmo en un papel, al instante me siento como liberada, como si todo hubiese pasado y no tuviera que preocuparme por nada.
Algunos ya sabréis a qué se debe, otros no, no importa, ahora os enteraréis.
Resulta que me mato a estudiar, paso los días en la biblioteca: ESTUDIANDO. Llega el examen y una parte me salió bien y otra regular, pero bueno, seguro que aprobaba...
Pequeña ilusa, menudo pokerface al ver ayer el tablón de anuncios... Fui a la Universidad para poder conectarme (sí, sigo sin internet...) y por curiosidad miré hacia el tablón y vi que había una hoja. Me acerqué y leí: Historia del Pensamiento. Busqué mi apellido y dirigí mis ojos hacia la nota: 2. ¡No es posible! Volví a mirar: 4. Pero por mucho que mirara la nota no volvía a multiplicarse. El error fue que había mirado la calificación del compañero de abajo.
Me conecté y en el correo de la Uni tenía de nuevo mi suspenso y las horas para la reclamación del examen. Ya sé que por reclamar no voy a aprobar, pero al menos, sabré qué demonios hice en el examen...
La mayoría me conocéis bien y sabéis lo fácilmente que me derrumbo, para mi sorpresa, todavía no he llorado. Pero sí me siento fatal, aunque cargo de conciencia no tengo, estudié... Hablar con amigas y amigos ayuda mucho, y también, saber que me mi madre no se ha enfadado conmigo.
Supongo que esto es una experiencia más, ahora ya puedo decir una frase... Pero ahora que me afecta a mí no me hace tanta gracia: Siempre nos quedará septiembre.
Por supuesto, es de cajón que no quiero suspender ninguna más. Pero es que tampoco quería suspender esa, así que no sé... La de Análisis de la Escritura y los Documentos, lo que viene siendo Paleografía y Diplomática, estoy convencida de que me salió bien. Además es lo que quiero estudiar, así que como suspenda esa, creo que debería replantearme dejar la carrera y buscar un trabajo... Inglés es mañana, estoy agobiadísima, sí por supuesto que estudio, siempre me quedo sola por la noche-madrugada en la Biblioteca, pero es que no sé cómo será el examen... ¡Estrés! Y luego nos queda Arqueología, tampoco tengo idea del tipo de examen que pondrá...
Bueno, aunque me haya estresado escribiendo, creo que sí me ha ayudado. Y sobre la historia (la Crónica), tengo ya varias ideas de cómo seguirla, pero temo no estar a la altura de lo que esperéis tras la otra, así que igual tardo en escribirla... O la escribo hoy, no sé.

[Nota: están todas aprobadas y esa asignatura recuperada ^_^]

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Crónica de una moribunda exagerada III. El regreso

Es de noche, tarde, muy tarde... Sola en la biblioteca, en silencio, con la luz blanquecina iluminando los apuntes en mi parte de la mesa. Sentada frente al gran ventanal que me regala una panorámica espectacular de la tormenta. La sala queda iluminada por un rayo, prosigo con el estudio a la espera del gran estruendo. De repente, se abre la puerta y me sobresalto. Eso no me lo esperaba. Me giro y veo a un compañero, sonriente por el bote que pegué.
  • ¿Estudias por la noche?
  • Mañana, tarde y noche... ¡Qué remedio! Mañana tengo examen.
  • Bueno, pues nada, ¡suerte!
Y se va. ¿Y el trueno? O no lo hubo o no me enteré, ¡qué extraño! Cuidadosamente oigo como se abre la puerta, chirría, pero no escucho que entre nadie y tampoco veo a nadie fuera. Seguro que me están gastando una broma, los chicos siempre están igual... Continuo con mi tarea y la puerta se cierra ruidosamente, no hago caso. La lluvia azota con furia contra los cristales, pero por encima de eso se escucha claramente una voz, esa que pensé que nunca tendría que volver a oír...
Así que tienes examen mañana, ¿eh?” Levanto la vista de mis hojas y le veo. No eres real, son imaginaciones mías, me repito una y otra vez. Tal vez, me haya quedado dormida estudiando, sí, eso tiene que ser. “Irene, no seas ridícula, con todo el café que has tomado es imposible que te duermas.” En una esquina sobre la mesa se van acumulando los vasitos de plástico vacíos y algunas latas, los contemplo. “Te noto muy cambiada desde la última vez, pero no estás curada y lo sabes. Por cierto, me gusta ese tatuaje que te has hecho.” No me hice ningún tatuaje. Saca un espejo, no sé de donde y lo pone a la altura de mi hombro derecho, en la espalda, y me hace girar la cabeza. “¿Hace cuánto tiempo que no te ves la espalda?” Y se ríe, se burla de mí. Pero es cierto, una pequeña pieza de puzzle está ahí. No me lo creo, será un trampa, me muevo inquieta pensando que sería un dibujo en el espejo, pero no. ¿Cómo lo has hecho? Le digo furiosa. “No he sido yo, has sido tú, en una de esas noches de desvelo, que no sabes si realmente estás dormida o despierta.” ¡Mientes! Me estás engañando, yo no he podido hacerme eso. Sus carcajadas arañan el silencio de la biblioteca y yo me desespero. Esto no está pasando, me estoy volviendo loca. Vuelve junto a mí, se sitúa detrás, siento su aliento en mi nuca y me susurra al oído. “¿Si no fuese real sentirías esto?” Entonces siento como un cuchillo me desgarra la pierna, desde la rodilla asciende y la sangre comienza a humedecer mis vaqueros. Le miro. “No me mires a mí, has sido tú.” Miro el cuchillo, la mano y mi brazo... Asustada lo dejo caer al suelo. ¿QUÉ ME ESTÁS HACIENDO? Grito entre sollozos y me lanzo contra él.
La tormenta se vuelve más intensa, una fuerza ajena a mí me impide moverme de mi sitio, tampoco grito pidiendo ayuda. Me quedo ahí parada, a la espera de sus palabras, mientras la sangre empapa todo. El único poder sobre mi cuerpo lo tengo en mis ojos, le dirijo una mirada cargada de odio. “Mucho mejor así, tranquila, si quieres estar bajo mi tutela deberás ser menos intensa, al menos conmigo.”
La respiración entrecortada se va normalizando, acaricia mi cara y me estremezco, asiento levemente. Espero tus normas, quiero que empiece el juego.

martes, 13 de septiembre de 2011

Complot

Parece que cuando estás más decidido a hacer algo, más obstáculos ponen ante ti.
Con un claro propósito de estudiar me levanto a las 8. “¡Qué pereza! Con lo bien que estaba yo en la cama...”. Ordeno todo y me preparo para bajar a la Biblioteca. Son las 9, la cuenta atrás ha comenzado, y pensar que mañana a estas horas estaré ya en el examen... ¡Uff, qué agobio! Bueno, marcho. Un momento, ¡mis apuntes! ¿Dónde están mis apuntes? Después de volverme loca recuerdo que la noche anterior los había dejado guardándome mi sitio. ¡Genial! Ya he perdido media hora.
Llego y no estoy sola, dos chicos habían madrugado más que yo. Distribuyo el temario por la mesa y da comienzo la sesión de estudio. Miro por la ventana y me alegro de que llueva, así me resulta más sencillo. ¿Qué es ese ruido? ¿Por qué diablos se ponen a segar el césped con este día? El ruido es muy molesto, incluso teniendo las ventanas cerradas. ¿Es que no saben que tenemos que estudiar? Mejor ignorarlo y concentrarse.
Uno de los chicos decide descansar fumando en la terraza. Click, click, click... Su mechero no funciona y me empieza a poner nerviosa el ruidito. Por lo visto, el otro chico no fue capaz de soportarlo y salió disparado de la sala.
Un rato después todo estaba en calma. Así sí que se estudia bien, qué paz, qué calma, qué... ¿QUÉ ES ESO? ¿Son martillazos lo que oigo? Miro hacia la puerta y veo a un hombre arreglando el ascensor que lleva una semana averiado. ¡Qué oportuno! Se podría poner en otra planta...
El chico, que al igual que yo, se altera con facilidad, salió. El rostro tenso, la voz quería ser calmada: Mire, por si no se ha dado cuenta, estamos estudiando, así que por favor, ¿se puede meter el martillo por el...?, a cada palabra el tono de voz aumentaba... Y volvió la paz.
Creo que necesito un café. ¡Sólo cuesta 0'30! Algo bueno... No quiero azúcar, no encuentro el botón, ¿POR QUÉ NO SE LE PUEDE QUITAR EL AZÚCAR? ¡Anda, mira! Si está aquí... Je, je, no pasa nada, no pasa nada... Ya está listo y cuando vas a coger el palo para comer la espuma de tu capuccino te das cuenta de que no hay. Lejos de mosquearte te pones a pensar en si un palito costará 20 céntimos...
Vuelves al estudio y vuelven las molestias. Unos conversando en la puerta. “Bah, sólo será un momento...”. Un cuarto de hora después, casi sin uñas por la crisis nerviosa provocada, decides poner fin. Sales y te saludan sonrientes, pones tu mejor cara de perro y estallas: “¡QUIERO ESTUDIAR! (Piensas en lo raro que suena eso y sigues). Tengo examen mañana, ¿no podéis hablar en otra parte?
Todo era un caos, hasta el zumbido del ordenador de uno de los chicos resultaba un incordio. Se abre la puerta, entra y sonríe. Se te escapa un “¡por fin!” y sales del apuro con “he acabado este tema”. Se sienta a tu lado y ya pasó todo. En silencio se disfruta del estudio. Te acabas quedando solo, con una paz completa y aparece una niña. Se pasea y la madera cruje a sus pies, te mira y te habla en voz baja. Molestas igual, ¿sabías? No, los libros no son para ti “son de mayores” dice. ¿Esperaba encontrar cuentos? De nuevo sola y vuelve él.
[…]
Un descanso para comer y estar en el ordenador. Otra vez a estudiar. ¡Sola! Espero que la tarde sea mejor que la mañana... Clank, clank, clank... ¡NO! Alguien se dedica a jugar con los plomos, fantástico... Esta planta se ha quedado sin luz, menos mal que es temprano y se ve bien con la luz de la calle. Los chicos se revolucionan y arman jaleo en el pasillo. ¿Por qué se han puesto todos de acuerdo para impedirme estudiar hoy? No sé si recordaréis que ya una vez conté un “episodio de gritos”, pues se volvió a repetir. Luego que a nadie le extrañe que mi salud mental quede afectada.
Poco duró mi soledad, uno a uno fueron apareciendo en la Biblioteca. La luz había vuelto... Al rato se fue, nos miramos y uno fue a dar los plomos: todo arreglado.
De pronto todo parece más iluminado, ¿es el sol eso que asoma entre las nubes? ¡Qué se vaya! Y a ser posible, que se ponga a jarrear también para que el maldito jardinero apague la máquina del infierno.
A pesar de todo (toses, ¡alejad vuestros virus de mí!) quedó una buena tarde-noche de estudio. Aunque fue necesario otro café para resistir.
Recoger y volver a mi habitación. Ataque de histeria, me invade el pánico. Quedo en mitad de la habitación, en el suelo, en posición fetal y con un ligero balanceo. “No me sé nada, voy a suspender...”. Bofetada mental.
  • ¿Has estudiado?
  • ¡Por supuesto!
  • Entonces, ¿a qué tienes miedo?
  • A que las cosas salgan mal...
  • ¡Relájate! Si las cosas fueron bien en el primer cuatrimestre no tiene por qué ser ahora distinto.
  • Cierto, y he estudiado más...
  • ¡Pues ya está!
  • ¡NOOOO! Horror...

[Que esto pase rápido o me acabaré volviendo loca.]

Muero, de esta muero... Con la subida de tensión se fastidió el router: estoy sin internet (tic en el ojo).

lunes, 12 de septiembre de 2011

Lucha interior

El silencio se ve interrumpido, oigo el susurro de una voz en mi cabeza: “¡hazlo!” Pero yo dudo e inmediatamente aparece su contrario: “es mejor que no...”. Me pongo histérica y grito “¿QUÉ HAGO?” Toda la gente del bus vuelve su mirada hacia mí, les respondo con una mirada de profundo odio y al instante me da un incontrolable ataque de risa. No tardó en formarse un vacío a mi alrededor, todavía no sé a qué se debe...
A vosotros también os pasa, ¿verdad? Lo de las voces digo, es algo completamente normal. Tener un duende consejero en la mente puede ser muy útil, aunque a veces da problemas... Despierta mi lado pasional, me entran ganas de matarlo, pero a la hora de la verdad no soy capaz y siempre me arrepiento. ¡Ah! No se lo digáis porque igual se enfada, pero sospecho que es un poco bipolar.
Finalmente, tomo una decisión. Mientras la gente no me quita los ojos de encima me acerco al conductor. Le regalo una diabólica sonrisa y me mira asustado. Él traga saliva y con dificultad alcanza a decir:
  • ¿Quiere algo?
Reflexiono y contesto:
  • Ahora que lo dices... Sí, quiero conducir.
Tartamudea.
  • Me temo que eso no puede ser posible.
  • Oh, ya lo creo que sí...
Veo que se fija en algo que está a mi espalda, me giro y hay un tipo robusto.
  • Atención todos, aquí tenemos al héroe de la película.
  • Tranquila – me dice mientras extiende sus manos hacia mí con una clara intención de sujetarme.
Sin pensarlo le ataco, un fuerte mordisco que hizo que la sangre empezara a correr. Quedó desconcertado. Me vuelvo hacia el chófer, con voz suave y pausada:
  • Bien, ¿por dónde íbamos?
Entonces vuelve a mí el maldito duende “¡detente! Para esto antes de que alguien más salga herido, no tienes por qué seguir con esto.” Me desespera.
  • ¿Quieres callarte de una puta vez?
Llevo mi mano a la espalda y saco del pantalón una pistola, me apunto a la sien.
  • Esta vez no dudaré en hacerlo.


[Nota: Se me acabó la hoja, si queréis, continuará...]