martes, 29 de mayo de 2012

Más allá de lo físico


María y Sofía estaban sentadas en el banco de un parque, poniéndose al día con su vida mientras puntuaban a los chicos que pasaban por delante. Para su desgracia tenían un gusto muy parecido así que se los tenían que repartir para no acabar peleadas.
Después de un rato sin pasar nadie Sofía vio un 10, algo espectacular y poco común. Un chico de 1'80 más o menos, con un cuerpo bien proporcionado (se notaba que era de gimnasio y si no, sabía cómo cuidarse) una musculatura nada exagerada. Rubio, con el pelo cortado al 2, una barba de pocos días, la nariz como la de Miguel Ángel Silvestre y unos llamativos ojos verdes.
Perdió toda la capacidad del disimulo y se quedó mirando descaradamente, aunque él ni se giró a verlas, iba concentrado en su camino. María dirigió su mirada en la misma dirección que Sofía, después de que ésta murmurara “10” pero no vio nada.
  • ¿Dónde ves un diez?
  • Habla más bajo, que te va oír, está delante nuestro, ¿estás cegata?
  • El sol te está afectando, ya hasta tienes alucinaciones, ya me parecía a mí que por estos lares no hay dieces...
Pero Sofía estaba segura de que no era fruto de su imaginación, así que propuso ir a dar un paseo para que su amiga pudiera comprobar que no alucinaba. Fue tras él, bueno, en la misma dirección ya que caminaba deprisa y había desaparecido de su vista por un momento. No tardó en verlo de nuevo, pero esperó a estar cerca para avisar a María.
Llegaron a un antiguo colegio que ahora era un parking, si no se daba prisa, lo más probable es que se marchara en algún coche y ya no lo volviera a ver más. Nada más entrar ya se habían acercado lo suficiente, pero la amiga seguía sin verle así que Sofía se sintió muy confusa. María, aprovechando que estaban allí se fue al baño, mientras la otra fue tras el chico. Lo que pasó fue muy extraño, el joven llegó a una columna donde estaba la caja del extintor, apoyó la cabeza y desapareció. Sofía no salía de su asombro, ¿había sido una alucinación? Volvía donde su amiga cuando lo vio de nuevo, salió de detrás de otra columna y esta vez fijó su mirada en ella.
  • No cuentes lo que has visto.
Y se esfumó, visto y no visto. Asustada, entró al baño.
  • María, ¿estamos solas? Tengo que contarte algo.
Su amiga tiró de la cadena y salió.
  • Sí, ¿qué pasa?
En ese momento de la puerta contigua salió él, se llevó el dedo a los labios pidiendo que guardara silencio. Sofía miró a su amiga y comprobó que era cierto, no podía verle.
  • ¿Tú crees en los fantasmas?
  • No. Aún así es un tema que me da respeto.
  • Vale, y en el supuesto caso de que existieran (él estaba sonriendo), ¿crees que son de las personas que están muertas? Sabes, eso de que siguen aquí porque tienen algún asunto que resolver. ¿O pueden ser de personas que siguen vivas pero se hallan en estado grave?
  • Pues no lo sé, pero eso último es muy raro, ¿cómo alguien que está vivo puede ser a la vez un fantasma?
  • Es que, hace tiempo me ví una serie en la que salía una pareja que tras recibir varios disparos estaban inconscientes en el hospital, pero seguían con vida y podían hablarse entre ellos y estar al mismo tiempo en el mundo “real” y ver a sus familiares, pero a ellos no podían verlos ni oírlos.
  • Sofía, es una serie, ¿no distingues entre realidad y ficción? ¿Te drogas? Porque entre esto y el chico que viste antes...
Sofía miró hacia él, que seguía allí con ellas. María se giró, pero seguía sin notar su presencia.
  • Bueno, yo me voy ya a casa, que es tarde. Tú deberías hacer lo mismo y dormir un rato, que me parece que no te encuentras nada bien.

Se despidieron a la salida del parking. Cada una iba en dirección opuesta. Sofía regresaba al parque y el chico fue tras ella. Se situó a su derecha, pasó el brazo por encima de los hombros de ella y la acarició desde la mejilla hasta la barbilla.
  • Buena chica, por un momento temí que se lo contaras, pero aún así ya ves que no te creería, así que no importa.
La reacción lógica sería salir corriendo, pero Sofía no lo hizo. Se sentía relajada, a pesar de lo extraño de la situación, si de verdad sólo formaba parte de su imaginación nada malo podría pasarla.
  • No entiendo nada.
  • Vayamos por partes, así que piensas que soy un fantasma, que de verdad existo vivo o muerto.
  • O que sólo eres fruto de mi mente.
  • Me temo que no.
Se deshizo del brazo de él y lo miró asustada. Se negaba a creer que aquello estuviese pasando de verdad, si era un sueño, quería despertarse ya.
  • Si de verdad eres un fantasma...
  • Lo soy – la interrumpió él.
  • ¿Por qué sólo puedo verte y oírte yo?
  • Vaya, pensé que me preguntarías primero otra cosa.
  • ¿El qué?
  • ¿No quieres saber si estoy vivo o muerto?
Un escalofrío recorrió su espalda, asintió levemente, temerosa de la respuesta.
  • Sigo vivo, aunque no sé por cuanto tiempo.
Una parte de ella se alegró, sería una pena que un chico así despareciera tan joven y otra parte sintió curiosidad, ¿qué le ocurría?

Por suerte, no había nadie más en el parque, pero ella decidió que lo mejor sería ir a su casa, ya que si alguien la veía pensaría que iba hablando consigo misma. Afortunadamente, vivía sola. Se sentaron en la cama y estuvieron conversando durante horas. Así ella supo que el chico se llamaba Ramón, que se hallaba en un hospital con la vida pendiente de un hilo porque necesitaba urgentemente un trasplante de riñón, ya que tras un accidente que tuvo perdió uno de ellos y el otro no resistiría mucho más. También le contó muchas cosas de sí mismo pero aún faltaba un detalle que a ella le inquietaba.
  • Te falta responderme a una pregunta, ¿por qué sólo puedo verte y oírte yo?
  • Verás, eso es muy complicado, ¿crees en el destino?
  • Por supuesto.
  • Tú y yo, a pesar de que todavía no nos conocíamos, estábamos predestinados a estar juntos y no podía morirme sin conocerte.
Se produjo un largo silencio en el que ella trataba de asimilar todo lo ocurrido. Respiró hondo.
  • ¿Cómo puedes saber eso?
  • Cuando desperté en este estado lo supe, para mi sorpresa, no me resultó difícil encontrarte. Estoy ingresado en el hospital en el que tú trabajas de enfermera y tu amiga es mi médica.

Decidió comprobar hasta que punto era real todo lo ocurrido y llamó a María para preguntarla disimuladamente, para que no notase nada raro, por Ramón. Su cara era de absoluta estupefacción cuando quedó demostrado que era verdad.
A modo de favor y con la promesa de que algún día se lo explicaría consiguió que la médica la hiciera las pruebas para ver si su órgano sería compatible con el de Ramón. Finalmente, y tras un largo proceso de recuperación todo salió a la perfección.

Cuando Ramón abrió los ojos en el hospital lo primero que vio fue la cara sonriente de Sofía y el calor de su mano cogida a la suya. Una mirada de complicidad que sólo ellos podían entender lo explicaba todo. Con el electrocardiógrafo a modo de banda sonora él la dijo sus primeras palabras salidas de su auténtico cuerpo:
  • Unidos para siempre, porque nuestro amor va más allá de lo físico.

viernes, 25 de mayo de 2012

ADP (Asco De Pueblo)


Cada vez se hace más difícil... Esta pequeña ilusa se autoengaña, pensando que las cosas cambiarán, que no tiene por qué ser tan malo, pero cada vez recibe más muestras de lo contrario.
Haciendo un esfuerzo, después de no dormir por los nervios del examen (que espera que esté aprobado), tomándose un café, decide venir a pasar la tarde a su pueblo, a su casa, en vez de quedarse allí en Santander (su nuevo hogar) donde se lo pasaría mucho mejor sin lugar a dudas.
Llegar con una sonrisa y acabar llorando, discutir nada más llegar, dan ganas de coger el coche y dar media vuelta... Tras un episodio incómodo, reina la soledad, a pesar de ser la misma cosa, no es igual en su casa que en la residencia, un ambiente diferente la hace sentir extraña.
Por puro aburrimiento y por dolor de cabeza deja el ordenador, mejor salir a dar un paseo, pero el cielo está muy gris, aunque a veces quiera aparecer el sol, se arriesga a salir y que llueva. Bueno, un pequeño paseo hasta el supermercado, para despejar las ideas. Se le iluminó la cara cuando le vio, a su primo pequeño, tan peque, sin nada de lo que preocuparse, tan sólo de jugar... Siempre sonriendo, da gusto verlo así, ya le quedará tiempo de acabar sin motivos para sonreír.
Y entonces ocurre, se cruza con la gente, que ya ni la reconocen y en sus ojos ve la crítica, esas miradas reprobatorias, en cuanto te sales un poco de la línea de lo corriente, prepárate para ser juzgado, serás el blanco de sus chismorreos.
Se alegra al ver a una vieja amiga, con la que perdió un poco el contacto, pero que seguro que lo recupera en los próximos días. Saludar a la poca gente que recuerda su cara y a casa.
De nuevo silencio, soledad, a solas con sus pensamientos que la interrogan: - ¿qué haces aquí? - Morirme del asco.
Si no fuera por obligaciones que no puede eludir y por su familia no volvería. En cualquier otro lugar da igual como vayas, lo que hagas, etc. La gente se interesa por su propia vida, no se mete en la de los demás y encima, opinando, cuando seguro tienen mucho más que callar...
Parece mentira, antes tan querido y ahora tan odiado.
Sólo queda esperar, que el transcurso de los días sea rápido, hacerlo lo más divertido posible, o al menos, llevadero, y que llegue el momento de poder marchar.

lunes, 23 de abril de 2012

Little savage mad


Contemplo su fotografía, tratando de descubrir qué esconde tras esa sonrisa, quisiera llegar hasta sus pensamientos, pero no puedo. Estoy tan lejos de ella... Sólo puedo observarla y envidiarla en la distancia. ¿Quién es esa joven tan risueña?
Sus ojos tienen un brillo especial que te hacen preguntarte si la sonrisa está dedicada a la cámara o a quien está tras ella... Nunca lo sabremos. Sólo podemos contemplarla en pleno éxtasis de felicidad, atusándose un mechón de pelo y regalando al fotógrafo una amplia sonrisa auténtica, nada forzada, que quedó grabada para la posteridad.
Sólo con verla se puede recuperar el inmortalizado momento, sentir esa alegría de vivir, la cual me tiene abandonada en estos momentos, pero con ella consigo recuperarla. Es posible ser feliz.
Vuelvo a creer en algo, siento que puedo lograr las cosas, ojalá vuelva a mí esa pequeña salvaje loca.

jueves, 5 de abril de 2012

La cita

Mientras contemplo el lluvioso cielo ramaliego y escucho The Beatles, no puedo evitar pensar al más puro estilo Carrie Bradshaw en la cita que tendré, no en la ciudad, si no con la ciudad. Por supuesto, no me refiero a Nueva York, me refiero a Santander. ¡Cuánto la echo de menos!
Hay tantas cosas por hacer allí... Un paseo por el cercano centro comercial, comenzar la ruta en El Empalme y de allí, ir hacia Peñacastillo, recorrer aquello. Dar la vuelta y llegar hasta el Alisal, estar en el peculiar parque encima de una rotonda. Tal vez, seguir por Cazoña, hasta la rotonda de los Osos...

Aunque también se podría haber bajado por Gerardo Diego e ir hasta el parque de la Vaca, a tomar el sol, escuchar música, leer o mejor aún, escribir. Mientras contemplas el tren pasar o a los niños (y no tan niños) jugar con su skate.

Continuar hasta Valdecilla sur para ir al parque de la Marga, no recomendable ir de noche, a no ser que seas drogadicto... Continuar por la calle Castilla, el barrio Pesquero (ni se te ocurra decir muy alto que apesta, al menos en esa zona). Visitar el Archivo Provincial, túnel sin retorno, ni te enteras del transcurrir del tiempo allí dentro.

Bueno, desde el parque, en vez de bajar por Valdecilla, se puede continuar hasta Cuatro Caminos, dirección San Fernando, estar en el parque o ir al otro lado a la calle San Luis, que se dice que ya no es lo que era... O subir a la calle Alta y visitar el Parlamento.

Ir de compras a la calle Burgos, hasta Jesús de Monasterio, desde Estudio a Beat. Alejarse una calle de la principal y hacer una parada en la biblioteca de Menéndez Pelayo o visitar el MAS (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander). Quedar en la plaza del Ayuntamiento, gente de todo tipo verás... Continuar y antes de llegar a Correos visitar la Catedral. Tal vez ir a buscar a alguien a las Estaciones. Ir a la Porticada, acercarse hasta Café & Té a por un capuccino, para llevar. Estar sentado tranquilamente en la plaza Pombo o en los Jardines de Pereda.

Cruzar por donde el arco del Banco Santander, visitar la sala de exposiciones de la Fundación Botín. Subir hasta Río de la Pila, buen ambiente, sin duda. Descender de nuevo, ir a Puerto Chico, puedes disfrutar del mar, embarcarte y dar un paseo por la bahía.

Puedes atajar para llegar a la avenida de los Castros por el túnel de Tetuán, o por el contrario disfrutar de un largo y bello paseo por Castelar, ver alguna obra en el Palacio de Festivales, ir por Reina Victoria, ver la playa de Peligros o casas espectaculares. Llegar a la Magdalena, la playa, el zoo, el Palacio, el lugar en sí es precioso, la vista de la Isla de Mouro (algún día podré ir, no pierdo la esperanza). La playa de Bikinis.

Continuar hasta la playa del Camello (que según mi parecer visto desde la Magdalena bien podría ser una ballena...), de la Concha y llegar por fin a la de El Sardinero. Saborear un riquísimo helado del puesto que hay en Piquío. De ahí, bien puedes continuar a la siguiente playa, hasta el parque de Mesones, llegar al famoso hotel Chiqui. Visitar el gran parque de Mataleñas, seguir hasta el Faro (el picadero que le llaman). Una de las primeras frases que me dijeron al llegar a Santander: “si alguien te dice de ir al Faro es que quiere follar”.

Volver hasta el Estadio, el Palacio de Deportes, el parque de Las Llamas, un buen sitio para hacer tantas cosas... Desde pasear, tomar el sol, comer, descansar hasta ver como juegan al jugger... Si subes, estarás en “las universidades” sé que no es correcto, en realidad son facultades y una sola universidad, pero así lo dice la gente.

Si quieres atajar, puedes subir hasta General Dávila (ya cada vez se hace menos dura la cuesta) y desde ahí bajar al centro. Si quieres hacer el recorrido inverso, ni se te ocurra subir la cuesta de la Atalaya o morirás... Sí, bueno, exagero, pero es una cuesta horrible.



Sólo es una pequeña parte de todo lo que se puede ver allí, sin contar todos los eventos culturales a los que se puede asistir, ni el recorrido nocturno de fiesta...

¡Qué bella es Santander!

lunes, 26 de marzo de 2012

Harapos (19 abril 2011)

Retales de ropa
que tal vez,
algún día quisiste
que fue para ti preciada.
Hoy ya no son nada
sólo simples fragmentos
que carecen de sentido
que vas a tirar
sin importar
que alguna vez
fue tu abrigo.

sábado, 17 de marzo de 2012

Dolor (19 abril 2011)

He sentido el peor de los dolores,
el que no es físico,
el que va por dentro,
el que te desgarra,
el que te consume,
el que te mata...

El que te hace odiarte,
el que no comprendes,
el que no curas,
el que se adhiere a tu piel
como una segunda capa.

sábado, 21 de enero de 2012

Vacía (19 abril 2011)

Amar es una poderosa palabra
pero he sido capaz de sentirla,
lo sé.
Sin embargo, ahora me olvidé de hablar,
ya no sé decir “te quiero”,
no me veo capaz de volverme a enamorar.
No me gustan los términos medios
yo soy de las de todo o nada,
y nada es lo que quiero ahora.
Me han hecho daño,
he sufrido mucho
y tengo miedo.
¿Volveré a sentir algo?
¿O me quedaré vacía de sentimientos?
Sin encontrar a nadie que me complete por dentro.
Le doy mucha importancia a estos temas,
mas estas cosas no se buscan
aparecen solas cuando menos lo esperas.

Pero, ¿qué hacer?
Cuando ya nada importa,
cuando ya nada esperas
cuando ya nada sientes
y sólo quieres, que el recuerdo se muera...