sábado, 21 de enero de 2012

Vacía (19 abril 2011)

Amar es una poderosa palabra
pero he sido capaz de sentirla,
lo sé.
Sin embargo, ahora me olvidé de hablar,
ya no sé decir “te quiero”,
no me veo capaz de volverme a enamorar.
No me gustan los términos medios
yo soy de las de todo o nada,
y nada es lo que quiero ahora.
Me han hecho daño,
he sufrido mucho
y tengo miedo.
¿Volveré a sentir algo?
¿O me quedaré vacía de sentimientos?
Sin encontrar a nadie que me complete por dentro.
Le doy mucha importancia a estos temas,
mas estas cosas no se buscan
aparecen solas cuando menos lo esperas.

Pero, ¿qué hacer?
Cuando ya nada importa,
cuando ya nada esperas
cuando ya nada sientes
y sólo quieres, que el recuerdo se muera...

domingo, 18 de diciembre de 2011

Insomne

Una vez más, siento que vuelvo a otra época, recordando viejos tiempos... Vuelve el insomnio, vuelvo a no poder dormir, a pesar de tomar pastillas... No sé qué me pasa, es lo más desagradable de todo. Muchas vueltas en la cama hasta que me decidí a levantarme, aunque tenía sueño, por eso me fui pronto.
Oía todo aún con las ventanas cerradas, la abrí a ver si me daba el aire y no hay, hace una noche estupenda. Se estaría bien dando un paseo, pero claro, no son horas... La gente normal está durmiendo. Mi compañera duerme plácidamente, ¡qué suerte tiene!
Aquí detrás hay una pista para jugar al fútbol, esta tarde hubo un partido. Ahora hay 5 críos, no puedo apreciar qué edad tienen, tal vez la misma que yo, aunque creo que menos... Jugaban al baloncesto. Cerca hay una iglesia y entre ésta y la pista, unos contenedores, pues allí había una patrulla, en el clásico patrol, vigilando... Me pregunto qué controlarían, no parecía haber nada interesante.
Los críos se fueron, pero sólo para volver al rato, con el insistente botar del balón y con más elementos: 2 palas, 2 raquetas y una pelota de tenis. No se cansan. Por parejas jugaban al tenis, mientras uno se quedaba forever alone con el balón de baloncesto, a modo de pelota de fútbol lanzando tiros a la vacía portería. Ponen música, gritan: - David, tío, ¡estás loco, le abrirás la cabeza a alguien!
El chico no parece tener muchas luces, no hacen más que gritarle... Apenas iluminados por dos farolas no juegan bien, pues no ven la pelota. En más de una ocasión se les sale del campo, sobrepasando la verja hasta la calle. Una fue muy curiosa puesto que no superó la altura y aún así acabó al otro lado. ¡MAGIA! Gritaron.
Pasan coches por la carretera, siempre hay alguno, rara vez está vacía. Al menos no hay el colapso diurno, con sus pitidos, el semáforo que no se respeta y los accidentes leves, los frenazos...
Voy hasta el baño sólo por darme un paseo por el pasillo, la terraza está abierta y salgo a tomar el aire inexistente (bueno, claro que hay aire, si no, no respiraría, pero me refiero a la brisa). Realmente es una noche agradable. Regreso y meto la llave que María, mi compañera, se dejó olvidada en la puerta.
Los críos ya se fueron, la calle está tranquila y yo sigo sin poder cerrar los ojos. Odio esta sensación de cansancio, sueño y que al meterme en la cama desaparezca. Volveré a intentarlo una vez más, tal vez la música me ayude, ojalá... Si no, sólo queda aguardar a que en algún momento de esta madrugada mi cuerpo se decida a descansar. Mmm bostezo, espero que sea buena señal.

sábado, 17 de diciembre de 2011

A mi padre

Por darme la vida,
por quererme,
por estar siempre ahí
(aunque a veces no lo parezca).
Por ser padre
y a la vez hermano,
por entenderme
y aconsejarme.
Por nuestras bromas
y nuestros piques,
hablarte y que respondas “aham”.
Por jugar conmigo
y tener siempre la gracia a punto.
Por la paciencia que has tenido conmigo,
por enseñarme a conducir
(entre otras cosas),
por ayudarme
y apoyarme siempre.
Por esto y mucho más,
te quiero, papá.

¡Feliz cumpleaños!
Espero que sigas tal cual eres,
que la vejez no te cambie
y siento no haberme quedado allí.

domingo, 25 de septiembre de 2011

A mi amor

Hay dos palabras,
suele costar decirlas
pero a mí nada.
Te quiero.

Te quiero,
por estar siempre conmigo,
por no fallarme,
por adaptarte a mí perfectamente,
por tolerar mi música,
por hacerme feliz.

Tuve miedo con la operación,
pero ahora estás mejor que nunca.
Recuperado eres una maravilla.



Porque ya llevamos un año,
te quiero.

Se dice que no se debe amar
a las cosas,
pero no eres una cosa.
Querido, tú eres más que eso,
fiel compañero,
que incluso enfermo
me demuestras tu amor
más sincero.

Porque si Juan Ramón Jiménez escribe a su coche,
yo también puedo.



viernes, 23 de septiembre de 2011

Espejito, espejito...

En el mundo tiene que haber de todo: gente guapa o fea, alta o baja, flaca o gorda, etc... También hay términos medios, y casos a parte sin remedio.
La cuestión que voy a tratar es la de flacos y gordos puesto que considero que es “fácilmente” alterable. Es algo que está en cada uno cambiar, sólo hace falta querer. Pues hay muchos gordos conformistas que no sólo se ven horribles (sí, esclava y víctima de la sociedad superficial, culpable) si no que pueden tener problemas de salud y lo peor es que son felices así. Bien es cierto que hay gente con sobrepeso por enfermedad, pero se puede ir al médico y ponerse en tratamiento. También nos podemos poner a dieta, hacer deporte... No sólo nos veremos mejor físicamente, si no que ganaremos en salud.
Por otro lado, están los extremadamente delgados, que tienen la batalla contraria a los otros, se esfuerzan por engordar. ¡Qué mal repartido! Unos dejando de comer y otros sin parar de hacerlo. Yo, la verdad, envidio a esa gente tan delgada que no hace más que comer “porquerías” y no engorda un gramo. Bien es cierto que hay gente así por enfermedad, que puede ser natural o buscada.
Lo ideal sería estar delgado, pero una delgadez sana y no enfermiza, esquelética. Fácil de conseguir como dije con dieta y deporte. Aunque con el deporte hay que tener cuidado también. Puedes hacer una serie de ejercicios adecuados, controlados u obsesionarte, llegar al extremo de querer más y más, nunca ser suficiente (¡hola vigorexia!).
Creo que es todo muy complicado, es difícil encontrar el equilibrio y no obsesionarte con aquello que te preocupe. ¿Cómo encontrar el límite? ¿Cómo saber cuando parar? La mayoría de las veces tiene que ser por una causa externa, puesto que nosotros mismos no somos capaces de verlo, la mente nos juega muy malas pasadas. Gordos que se ven bien en el espejo, delgados que se ven gordos, musculosos que se ven esmirriados, debiluchos que se creen fuertes...
“Espejito, espejito, ¿quién es la más gorda del reino?”

La sociedad, lamentablemente, es muy superficial, si no te correspondes con el canon de belleza general te ves apartado, humillado, no te aceptan. Pero, ¿quién establece el canon? Y lo peor, ¿por qué nos esforzamos en alcanzarlo? ¿Por qué lo seguimos?
En el fondo, la culpa es únicamente nuestra, por aceptar la situación. Pero no podemos luchar en su contra, lo aceptamos y todo por no querer ser rechazados. Nos preocupamos tanto por el aspecto físico que nos olvidamos de que lo realmente importante está en el interior (la típica frase de los feos se suele decir), y no lo digo por tener una belleza huidiza, si no porque en el fondo es verdad. El físico se pierde con los años (aún dejándonos un dineral en cirugía plástica) pero el interior permanece inmutable. ¿Soportarías después de unos años a alguien que sólo te gustaba por su físico y tiene la cabeza hueca?

sábado, 17 de septiembre de 2011

Delirios oníricos

Sabía lo que ocurriría. Sabía que la señora de rojo se tropezaría, que pasaría en bici un chico vestido de azul y que el niño de amarillo se echaría a llorar porque su madre no le consentía algún capricho. Y si sabía todo eso es porque ya lo había vivido, lo soñó la noche anterior.
Seguía pasmada ante la idea. ¿Cómo podía saber lo que iba a pasar? Era consciente de lo maravilloso de su situación, si soñaba con alguna desgracia ¿podría evitarla? Estaba ansiosa por ir a la cama y volverse a dormir, a ver que ocurría... No pudo saberlo.
Ni tan siquiera se había despertado y se dio cuenta de que estaba dormida, era un sueño dentro de otro sueño. Esto la desubicó todavía más, ¿cómo era posible ser consciente de estar soñando?
No la dio tiempo a pensarlo, ya estaba en otra parte. De repente estaba en una fábrica, pero era muy rara. Era una mezcla de colegio y casona de 4 pisos. No supo qué se fabricaba, sólo veía un orden perfecto, cada uno en su lugar, no podía moverse ni de su planta ni de su sitio. No había lugar para los cambios, pero se estaba bien, todo era armonía, dividida en 4 fases.
Sin embargo, nada era real. De noche todo se transforma y llegó el caos. La gente abandonó su puesto, corría de un lado a otro como huyendo de algo. Dieron con el acceso a las escaleras y cada uno se dirigía feliz hacia el descubrimiento de aquello que desconocían. Armando alboroto, con gran jaleo aquello se descomponía, se había roto la estructura perfecta e idealizada.
Escapó de allí, no podía soportar esa degeneración. Sin saber cómo, había acabado bajo la lluvia, en plena calle, desorientada. ¿Qué hacer? “Ve hacia la luz” le dijo una voz. ¡Joder! ¿Estoy muerta? Dejó de pensar en ello al ver la mencionada luz.
Era un barrio apartado compuesto por chalets adosados, con su respectivo jardín, bien cuidado. Todos tenían alguna luz de la casa encendida, salvo uno, en el que decidió colarse. Inexplicablemente sólo tuvo que girar el pomo para entrar, no tuvo más complicación. Desde la entrada pudo apreciar el exquisito gusto con el que estaba decorada la estancia. ¿Quién viviría allí? ¿Habría alguien en la casa? Esperaba que la respuesta fuera negativa. Se fijó en una mesita que tenía frente a ella, al pie de la escalera.
Allí había un cestillo con cosas varias, tales como llaves, chicles, cigarrillos, un boli y una pequeña libreta. Decidió curiosear y encontró algo que no esperaba en absoluto. Resulta que en ella había fotos y datos sobre unas personas, que sin conocerlas de nada, supo que fueron antiguos inquilinos. Estaba tan abstraída que ni se percató de que alguien bajaba la escalera.
Varón de metro ochenta, entre 24 y 27 años aproximadamente, rapado entero, con 3 piercings en la oreja izquierda (dos aros en el lóbulo y un palo con bola en la parte de arriba), perfectamente afeitado, un tono de piel ni muy blanco ni moreno. Descalzo, con una toalla a la cintura que dejaba ver unas piernas melenudas y un pecho perfecto, sin un solo pelo y unos abdominales bien marcados, todavía húmedos tras la reciente ducha. Se detuvo a mitad de la escalera al ver a la chica. Ella interrumpió su lectura al notar un leve cambio en el ambiente, dirigió su mirada a la escalera y lo vio.
Vivieron unos momentos, de tiempo indefinido, muy tensos, en los cuales se dedicaron a hacer un estudio rápido del otro. De él poco más se podía decir, salvo que tenía unos ojos marrones (casi negros), increíblemente penetrantes, que intimidaban a la vez que atraían a la joven. El primer impulso del hombre era echarla de allí, pero algo se lo impedía. La veía muy delicada, débil y vulnerable, además de empapada tras caminar bajo la lluvia. Él rompió el silencio:
  • ¿Quieres una toalla para secarte?
Ella quedó sorprendida por la amabilidad que mostraba, y sobre todo, por el hecho de que no la echara de su casa. Sabía que eso sólo era posible por el lugar donde se encontraba, lejos de la realidad, una pequeña parte era consciente de ello, la otra se empeñaba en negarlo, quería disfrutar. Y se dejó llevar por el momento.
  • Gracias, sólo espero que no sea la que llevas puesta...
Él sonrió y subió las escaleras. Se vistió de forma rara para quedarse en casa: estilo montañero, con esos pantalones típicos de color beige y una camiseta negra de manga corta. Apareció así ante ella y con una gran toalla en la mano. Ella se envolvió entera. Él la aconsejó darse una ducha caliente para entrar en calor y que no se resfriara. La llevó hasta el baño y dejó una camisa suya para que se pusiera, ya que no tenía otra cosa.
En el salón a la izquierda de la entrada, esperaba Juan (así se llamaba el hombre) fumándose un cigarro y pensando qué rayos estaba haciendo dando cobijo a una completa desconocida. Mientras, ella se despejaba con el agua y pensaba qué haría cuando saliera.
Se había apurado el pelo, pero aún así lo tenía mojado, llevaba la toalla a modo de vestido de palabra de honor. Iba a bajar para preguntarle si por casualidad tendría un secador. Con un repentino mal humor, ante la sospecha de estar con una ladrona, Juan había subido al piso de arriba y tras encontrar su habitación en perfecto orden fue a mirar si ella estaba en el baño. Sin querer, la golpeó con la puerta en la cara. Estela, era ella, se llevó las manos a la nariz, que había comenzado a sangrar al instante, al ver la sangre se desmayó.
Él comprendió que se había equivocado, estaba ante una buena persona que por motivos desconocidos había llegado hasta él. La limpió la sangre, la llevó en brazos hasta su cama y allí la dejó tumbada. Una vez interrumpida la hemorragia decidió despertarla, pues se sentía muy incómodo ante su presencia, tan ligera de ropa...
Estela sonrió y le pidió disculpas. Juan la tranquilizó diciendo que no pasaba nada y la pidió, por favor, que se vistiera. Aún mareada, acertó a levantarse y llegar hasta el baño. Se puso una muda y la camisa blanca, semitransparente, que además de no ser muy larga, dejaba poco espacio a la imaginación para adivinar los detalles de su cuerpo. Ella había notado la rápida conexión que entre ambos se había establecido. Asomó la cabeza por la puerta del baño.
  • Tengo un problema. ¿Cómo te llamas?
  • Juan, ¿mi nombre es un problema?
  • No, pero mi aspecto sí.
  • Mmm...
  • Estela.
  • Bien, Estela, no creo que suponga un proble...
No pudo acabar al verla. La noche dejó de ser fría, dejaron de ser dos...

Se hizo de día y no habían dormido nada. Entre tanta gente que hay en el mundo se habían encontrado, era casi un milagro. ¿Quién puede afirmar con tanta seguridad hallarse ante su otra mitad? Así se durmieron.
Estela despertó con una sonrisa en los labios, se giró en la cama y con lo único que se encontró fue con su almohada. Comprendió lo ocurrido, ahora estaba en el mundo real, Juan no existe. ¿O tal vez sí? Se puso a recordar, no sin dificultad, todo lo que había soñado. ¿Y si ocurriera como en su sueño inicial? Quizá fuese capaz de adivinar su futuro, a lo mejor, bueno, más bien a ciencia cierta, no pasase tal cual pero la dio esperanzas. En algún lugar Juan existía y algún día ambos se encontrarían, intuía que el momento ya no estaba lejos. Sin embargo, hasta que llegara ese “príncipe” todavía tenía que estar con muchos “sapos”, pues si no conociera a ninguno no podría darse cuenta ni distinguir a ese hombre especial entre el resto. No puedes saber cuál es tu plato favorito si sólo conoces una comida, es evidente cuál sería, por eso, lo mejor es tener una dieta variada, disfrutar con cada alimento y luego decidir.

viernes, 16 de septiembre de 2011

1.08.2011

Un año después, mismo sitio, en el mismo lugar y algunas caras ya conocidas. Mismo profesor, que esta vez me dará clase el año que viene. Mismos problemas técnicos, mismo retraso en el horario, con la salvedad de que esta vez tuvimos el material a tiempo. Afortunadamente, el mismo alcalde inaugura el curso, pues sin su apoyo no tendrían lugar ni el curso ni las conferencias vespertinas.
Un año después, tras mi primer año de carrera, espero venir con más conocimientos, comprender mejor aquello que tratan de enseñar: la relación del hombre con las cuevas, ¿qué significan los muertos en las cavernas?
Un año después, muchas cosas han cambiado, mi entorno no es el mismo, mi estilo de vida tampoco es igual y ni mucho menos yo soy la misma. Se empieza mes y semana, lo que para mí, que siempre me fijo en los pequeños detalles, al igual que Amélie, lo considero una señal. Una oportunidad para comenzar algo, ¿por qué no hacer una lista de propósitos? Algo que evidentemente vaya a cumplir. Bueno, por lo pronto, un objetivo que requiere mi atención inmediata es atender, así que me veo obligada a dejar de escribir esto y concentrarme en “los primeros testimonios de enterramientos humanos”.
Volveré y espero que con alguna historia interesante, tengo varias ideas y por lo que se ve, Ramales no está tan mal, por algún motivo que desconozco me ayuda a escribir. Llegué ayer y escribí, ¿volveré al ritmo de relato por día?